Dicen que tres manzanas cambiaron el mundo: la de Eva, la de Newton y la de Steve Jobs. En esta semana que se nos fue “uno de los más grandes genios creativos desde Thomas Edison”, no está de más hacer un alto en el camino para checar si lo dicho hasta aquí realmente nos ayuda a ser buenos pensadores, más creativos y mejores personas o si de plano ya nos perdimos en “inútiles” discusiones filosóficas. Porque -con sus “asegunes” como todo humano- Jobs fue las tres cosas a la vez (no, no lo voy a canonizar -aunque cada que uso el iPad o el iPod ganas no me faltan).
Vamos a ver: este curso partió del supuesto que la mente Occidental tiene su propio Tao o camino a la “iluminación” o plenitud existencial, misma que no implica sentarse a regurgitar Oms en flor de loto sino usar el cerebro a plenitud. Después hicimos la heideggariana aseveración de que pensar nos hacía más felices y más humanos. Y de ahi emprendimos el arduo camino hacia el pensamiento, al cual impusimos algunos requisitos: los externos -silencio y tiempo- y los internos -atención y pasión. Ora vamos a ver si todo esto se sostiene en la “vida real” o si so tan solo ejercicios para aprendices de monjes Zen.
1.- Pon atención a lo que te rodea
De todos es conocida la historia de Steve Jobs: aunque fue a la Universidad, no terminó la carrera prefiriendo dedicarse a explorar su pasión (la caligrafía) y a trabajar en lo oscurito y sin paga en el garage de sus padres en California donde, en 1976, fundó Apple. Tras 9 años en Apple, en 1985 fue despedido para regresar en 1997 con la visión que revolucionaría la compañía. En su libro “Inside Steve’s Brain”, Leander Kahney sostiene que la clave del interminable éxito de Jobs tras su regreso a Apple fue su capacidad para poner atención en los más mínimos detalles: “¿De dónde viene su capacidad de innovación? Como todo fenómeno complejo, de muchos lados, pero la gran mayoría de la innovación proviene de la meticulosa capacidad de atención de Jobs.”
2.- Aprende de todo, aprende siempre
De las muchas ideas que hicieron a Jobs el genio que fue, una de mis favoritas es la desmitificación de la idea de que la Musa o talento creativo es un don que se tiene o no. Para Jobs, la creatividad era una cuestión de mantener una dieta mental variada: “La creatividad -le dijo a Wired Magazine tras ganar el galardón a la empresa más innovadora del mundo por quinta vez consecutiva- es sólo un asunto de conectar ideas. A mayor amplitud de experiencia y conocimiento, mayor creatividad.” O, en las sorprendentes palabras de su discurso de presentación del iPad2: “La tecnología por sí misma no es suficiente. Es la tecnología casada con las artes liberales, casada con las humanidades, lo que produce los resultados que hacen cantar a nuestro corazón” (¿Y todavía se preguntan por qué era mi Chanoc?)
No deja de ser llamativo que en una industria dominada por especialistas e ingenieros con sus cálculos y datos duros, haya sido el generalista -con estudios truncos de humanidades, diseño y calfigrafía- el que tuvo la visión que revolucionó a varias industrias (computadoras, música, cinematográfica, etc).
3.- Di no a 10,000 cosas
Como genio creativo que fue, Jobs tenía una idea nueva por minuto. De joven, siempre quería hacer cosas nuevas, experimentar, intentar ver qué pasaría si… Pero conforme fue madurando, Jobs se dio cuenta que sólo podía lograr algo digno de su visión si se concentraba en una cosa a la vez. Por eso, una vez que regresó a Apple en 1997 recortó la línea de productos y se concentró en desarrollar al máximo sólo una fracción de sus ideas. “La innovación -dijo alguna vez en entrevista- procede de aprender a decir no a 10,000 cosas que te gustaría hacer y concéntrarte en una sola hasta perfeccionarla”.
4.- Cuestiona los dogmas, celebra las diferencias
Parte importante de las experiencias que nos llevan a ensanchar nuestro mundo es celebrar las diferentes filosofías de vida y cuestionar nuestras ideas fijas . En 1997, cuando Jobs regresó a Apple, la compañía lanzó una aclamada campaña publicitaria que resumía la filosofía de Jobs y de la compañía que en breve había de producir el iPod (2001), el iPhone (2007) y el iPad (2010). “Un brindis a los locos, a los desapatados, a los rebeldes, a los que crean problemas, a esos tornillos redondos en tuercas cuadradas…a los que ven las cosas de forma distinta, a los que no aman las reglas. Puedes citarlos, discrepar de ellos, glorificarlos o vilificarlos…pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos, pues ellos son los que cambian las cosas… impulsan a la raza humana hacia adelante, y aunque algunos los tachan de locos, para nosotros son genios, pues los que están lo suficientemente locos para creer que pueden cambiar al mundo, son los que acaban cambiándolo”. Y si, como dijo Aristóteles en el siglo 4 A.C.: “donde todos piensan igual, nadie ha pensado de veras”, porque pensar supone el contraste y enriquecimiento con las ideas de los otros y, a más “raras” las ideas que los demás tengan, mayor su capacidad de hacernos reflexionar sobre nuestros dogmas.
5.-Ama lo que haces
En los 80s cuando desarrollaban la primera Mac, los miembros del equipo de Jobs trabajaban en promedio 90 horas a la semana. Si bien el estilo de gobierno de Jobs siempre fue dictatorial, no era el motivo de fondo por las prolongadas jornadas laborales. Como todo visionario, Jobs era un apasionado de su trabajo y sabía contagiar a sus empleados. Fueron ellos los que durante el proyecto Mac mandaron imprimir camisetas con el logo de Apple y la leyenda: “90 horas a la semana y disfrutando cada segundo”. Y es que Jobs siempre insistió en que la mitad de su éxito era la pasión por su trabajo: “A menos que seas muy apasionado, no vas a triunfar en la vida,” dijo alguna vez. “Tienes que tener una idea o problema o causa que te apasione porque sin esa pasión no tendrás la perseverancia para realizarla. Yo creo que si tienes pasión, tienes media batalla ganada”.
6.- Nunca te conformes
Todos los proyectos que Jobs emprendió en su vida tuvieron un denominador común: todos eran “imposibles” en su día. Así se lo hicieron saber los diseñadores e ingenieros de manufactura a Jobs: “Cuando le llevas una idea a los ingenieros, su respuesta automática es siempre ‘No, eso se puede’, y la cosa empeora cuando se la llevas a los de manufactura y exclaman ‘No podemos producir eso!’ Si haces concesiones tu idea original se irá degradando hasta que no quede más que un producto mediocre como tantos que salen al mercado.” Parte de la fama de dictador de Jobs deriva precisamente de su incapacidad de conformarse con lo posible: una vez que tenía en mente el desarrollo de un producto, azuzaba a sus ingenieros a encontrar formas de realizarlo. Y su pasión era contagiosa: “Los empleados de Apple -dice Ive- siempre se sorprendían a sí mismos con lo que podían lograr bajo la presión que Jobs ejercía”. Como les dijo a los estudiantes de Stanford en el multicitado discurso de graduación, desde muy joven el mantra de Steve Jobs fue “Stay Hungry. Stay Foolish”.
7.- Pon tu vida en perspectiva
En el 2004 a Jobs le fue diagnosticado el cáncer de páncreas que acabaría matándolo. Al año siguiente, tras la operación que le dio 6 años más de vida, Jobs fue invitado a Stanford a dar el discurso de graduación. Sus palabras recuerdan lo importante de pensar no sólo para ser inteligentes, ricos o creativos, sino para poner en perspectiva este raro asunto que es la vida humana y aquilatar lo que realmente vale la pena (trabajo, amor, trascendencia). Quizá de todo lo que Jobs hizo y dijo no hay mejor consejo que el que les diera a los graduados de Stanford y a nosotros de pasadita: “Tu tiempo es demasiado corto para derrocharlo viviendo la vida de alguien más”. Ahí se los dejo para que lo disfruten: Discurso de Graduación subtitulado.





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