Este fin nuestros vecinos del Norte celebran su Thanksgiving y no está de más analizar como en Heidegger la gratitud y el pensamiento están íntimamente vinculados.
Zu Denken ist zu Danken, To Think is to Thank, Pensar es Agradecer, escribe Heidegger en What Calls for Thinking (PII, L3).
En nuestro idioma, la relación lingüística entre pensar y agradecer no es tan clara como en las lenguas sajonas donde solo una letra separa este par de verbos. Quizá por eso la afirmación de que pensar y agradecer son sinónimos suene sorpresivo.
Y es que la mayoría de nosotros ha crecido con la idea que la razón es fría, y que la gratitud es más una función “del corazón” que de la razón. Nos equivocamos: si algo distingue al Pensamiento Ontológico de los otros dos es precisamente que la sabiduría es una razón agradecida con la existencia.
Cuando pensamos en sentido ontológico -sin intentar cambiar las cosas ni manipularlas, cuando las dejamos ser y las disfrutamos tal cual son- no sólo conocemos su esencia sino que nos conocemos a nosotros mismos.
Todos hemos experimentado estar frente a un paisaje o puesta de Sol sin hacer nada, sin pendientes, sin planes, sin querer cambiar lo que hay. En ese momento estamos tan embebidos en el momento que nos sentimos plenos (hasta suspiramos). Sentimos eso que Ken Wilber llama el “sencillo placer de Ser”, el placer de estar vivos, de tener la oportunidad de ver los colores el mundo (el cielo de Octubre), respirar sus aromas (hmmn, tierra mojada), sentir sus texturas y temperaturas sobre la piel (un solecito invernal), escuchar sus sonidos y silencios (Beethoven y el mar), probar sus sabores (trufas Lindt oscuras, por favor!), reír y llorar, sentirse cansado o eufórico, nostálgico o esperanzado. En suma, experimentar plenamente la existencia.
En ese momento -dice Heidegger- nos sentimos agradecidos con la tierra, el cielo, el sol y los elementos que hacen posible la existencia y nos cobijan. Los apreciamos y, en la misma medida, nos damos cuenta de la fragilidad y brevedad de nuestra vida. En ese instante también nos enfrentamos a nuestra esencia de seres destinados a la muerte.
Y agradecemos la oportunidad de haber estado aquí.
Oportunidad que es una en millones pues si las cosas no fueran como son, si hubiera habido un ínfimo cambio en las condiciones del planeta o las decisiones de nuestros antepasados, simplemente no hubiéramos existido.
Si pensamos cuan privilegiados somos de estar aquí no podemos más que ser agradecidos.
Heidegger tiene razón: pensar, pensar en serio es agradecer.
¡Feliz Día de Acción de Gracias!




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