Es Otoño y en breve comenzará la caída de las hojas de los árboles (hecho que explica porque los antiguos asociaban Octubre con el 
Halloween: ¡Hay cada bruja barriendo la calle que da miedo, mano!)
La Naturaleza entera se prepara para otra de sus crisis estacionales y nos susurra que el secreto de la eterna juventud no es “renovarse o morir”, sino morir para renovarse.
Nomás que a los seres humanos –ya nos dijo Nietzsche– no nos gusta renovarnos.
Nos instalamos en una zona de confort y si algo amenaza nuestra cómoda rutina, si nuestros niveles de satisfacción bajan o si “ya no nos hayamos”, creemos que estamos enfermos y corremos al psicólogo o al botiquín para que nos “cure”.
Se nos olvida que -como parte de la Naturaleza- los seres humanos necesitamos periodos “otoñales” en la vida: momentos en los que -personal, profesional y humanamente- es hora de cosechar lo que plantamos, desbrozar nuestro entorno y dejar descansar el alma para que vuelva a dar frutos.
Necesitamos aprender de nueva cuenta a honrar nuestros otoños, a dejar caer las hojas muertas de nuestras ramas y permitir que el viento se lleve nuestros sueños.
Es doloroso, pero tan inevitable como necesario: quien pierde su follaje tendrá nuevos brotes en primavera, quien deja caer sus hojas produce el riquísimo humus (curiosa palabra que forma la raíz tanto de “humanidad” como de “humildad”) que nutre las raíces y da fortaleza al tronco de la existencia, quien deja ir sus sueños crea espacio para otros nuevos…
Para que las lecciones del Otoño no nos pasen de largo, les preparé este video basado en el excelente libro de William T. Bridges titulado “Transitions: Making Sense of Life’s Changes”. Espero lo disfruten (y si no, pos ni modo!!)




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